De los aperitivos más famosos de la zona cundiboyacense colombiana están las almojábanas, ricos panecillos horneados de harina de maíz y rellenos con queso, simplemente uno de los manjares más codiciados de la región. 
 
Según datos históricos las almojábanas son de origen árabe desde donde llegó a España y posteriormente a América en la época de la conquista. Son tradicionales de la Sierra de Albarracín, España, aunque existen indicios que pueden provenir de la región de Cataluña y de allí fue llevado al municipio de Soacha, específicamente en la zona del Salto del Tequendama. 
 
Con la colonización se produjo una compenetración de culturas y costumbres, por un lado los indígenas consumían principalmente productos a base de maíz y los españoles eran asiduos a panes hechos con trigo, por lo que trajeron las semillas para su cultivo junto con otros alimentos como la leche y los derivados como el queso y la cuajada. 
 
Las almojábanas son también conocidas como bollitos por su consistencia suave y apariencia dorada, son los protagonistas a la hora del desayuno o una merienda. La combinación de esponjosidad de la masa con la cuajada o el queso fresco, lo convierten  en la conjugación perfecta entre lo dulce y salado.
 
Curiosamente tienen similitud con otro tipo de pan colombiano conocido como pandebono, una preparación muy popular del Valle del Cauca que se elabora con féculas de yuca y de maíz combinados con queso costeño. 
 
La diferencia entre ambos radica en el sabor y en la textura, mientras que las almojábanas son suaves más parecidos al pan, los pandebonos son de sabor más fuerte debido al tipo de queso utilizado.
 
Para el año 2014, la almojábana es declarada como Patrimonio Cultural Inmaterial de Cundinamarca, ya que desde estas tierras comenzó a masificarse su consumo en todo el país.