Uno de esos platos icónicos de Colombia es la cazuela de mariscos, tan deliciosa como creativa. Llena de aspectos curiosos, beneficios a la salud del consumidor y en general, tantos elementos que le hacen ganarse su propio artículo para darlos a conocer.
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El plato que no falta en celebraciones colombianas:

Un poco de historia

La cazuela no cuenta con una historia propiamente dicha, o al menos no una lineal, ni muy extensa.

A decir verdad, solo se dice que la primera cazuela databa de la épica colonial y se realizaba a base de pescado o mariscos mezclados con el sango de maíz, que posteriormente fue sustituido por plátano verde. Difundiéndose eventualmente en todo el país colombiano.

Y hoy en día es posible incorporarle la corvina, los camarones, albacora, picudo y/o dorado. Pero sin variar en lo que respecta al método de preparación.

¿Sabías que...?

La cazuela de Mariscos no solo se limita a aparecer en las mesas de las familias de toda Colombia durante celebraciones o hitos importantes, sino que también la puedes hallar en puestos ambulantes, comedores populares, restaurantes de comida tradicional, para todos aquellos que deseen probarla informalmente.

Eso sí, no es algo de todos los días pues su proceso de preparación no es cualquier cosa; dado que implica un elemento bastante específico: Un fogón manabita. Artefacto que quedó en Colombia como parte de su patrimonio, heredado de la cultura Valdivia.

Aunado a esta herramienta, se usa aquella que le ha dado el nombre con el cual conocemos al plato: Una cazuela, que hecha de barro, ha variado su diseño con el pasar de los años.

Aportes nutricionales

Como es de suponer, el consumo de la cazuela de mariscos otorga a quién la degusta, una serie de nutrientes invaluables, como lo son las vitaminas A, D, E y todas las pertenecientes al complejo B; proteínas, minerales como el selenio, calcio, yodo y fósforo. Así como también ácidos grasos de tipo Omega-3.